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Aerobic vs Anaerobic Training: Finding the Balance

Learn the differences between aerobic and anaerobic energy systems and how to train each effectively for endurance sports.

8 min read

Comprender los sistemas energéticos de tu cuerpo

Cada vez que corres, montas en bici o nadas, tu cuerpo produce energía para impulsar el movimiento. Pero no toda la producción de energía funciona de la misma manera. Tu cuerpo cuenta con dos sistemas principales para generar el combustible que necesitan tus músculos: el aeróbico y el anaeróbico. Entender cómo funcionan y cómo entrenarlos puede transformar por completo tu enfoque del entrenamiento de resistencia.

Imagina estos sistemas como dos motores distintos dentro de tu cuerpo. Uno es un motor diésel constante y eficiente, capaz de funcionar durante horas. El otro es un turbo potente que te da velocidad explosiva, pero se agota rápidamente. Aprender a desarrollar ambos motores y saber cuándo usar cada uno es clave para convertirte en un deportista más fuerte y más rápido.

El sistema aeróbico: tu motor de resistencia

El sistema aeróbico es la fuente principal de energía de tu cuerpo para la mayoría de actividades diarias y para las sesiones de entrenamiento más largas. La palabra “aeróbico” significa “con oxígeno”, y así es exactamente como funciona este sistema. Tu cuerpo capta oxígeno a través de los pulmones, lo transporta por el torrente sanguíneo hasta los músculos y lo utiliza para convertir carbohidratos y grasas en energía.

Este proceso es extraordinariamente eficiente. Cuando tu sistema aeróbico lleva el control, puedes mantener el esfuerzo durante periodos prolongados sin acumular una fatiga significativa. Tu respiración se mantiene controlada, tu frecuencia cardíaca estable y tienes la sensación de que podrías seguir durante mucho tiempo. Este es el sistema que impulsa tus rodajes suaves, tus salidas largas en bici y tus sesiones de natación relajadas.

El sistema aeróbico utiliza en gran medida la grasa como combustible, lo cual es una buena noticia, porque incluso los deportistas más delgados tienen reservas de grasa abundantes. Eso lo hace increíblemente sostenible. Cuando trabajas en aeróbico, construyes la base que te permite completar maratones, salidas de cien kilómetros en bicicleta o triatlones de larga distancia.

¿Cómo se siente el entrenamiento aeróbico?

Cuando entrenas tu sistema aeróbico, deberías poder mantener una conversación, aunque te suponga cierto esfuerzo. Tu respiración es rítmica y controlada. Puede que estés trabajando duro, pero no estás jadeando. Tienes la sensación de que podrías mantener ese ritmo al menos 30 minutos, y probablemente mucho más.

En el entrenamiento aeróbico, tu frecuencia cardíaca suele situarse entre el 60 y el 75 % de tu máximo. A esta intensidad, tu cuerpo mejora su capacidad para transportar oxígeno a los músculos que están trabajando, desarrolla más capilares, fortalece el corazón y enseña a tus músculos a utilizar la grasa de forma más eficiente.

El sistema anaeróbico: tu motor de velocidad

El sistema anaeróbico entra en acción cuando el sistema aeróbico ya no puede cubrir la demanda de energía. “Anaeróbico” significa “sin oxígeno”, y este sistema produce energía mediante reacciones químicas que no requieren oxígeno. Es la forma que tiene tu cuerpo de darte potencia extra cuando más la necesitas.

Este sistema es rápido y potente, pero tiene un coste. Cuando trabajas en anaeróbico, tu cuerpo descompone carbohidratos almacenados sin oxígeno, produce energía rápidamente y también genera lactato como subproducto. A medida que el lactato se acumula, los músculos empiezan a arder, la respiración se vuelve más pesada y sabes que no podrás mantener ese esfuerzo durante mucho tiempo.

El sistema anaeróbico es el que impulsa tu esprint final, una subida por una cuesta pronunciada o un entrenamiento de intervalos duro. Es el sistema que te hace más rápido y más potente, pero solo puede sostener esfuerzos de alta intensidad durante unos pocos minutos.

¿Cómo se siente el entrenamiento anaeróbico?

Cuando entras en la zona anaeróbica, mantener una conversación se vuelve difícil o imposible. Tu respiración es intensa y rápida. Los músculos arden y sabes que estás compitiendo contra el reloj. Quizá puedas mantener esa intensidad durante unos minutos, pero desde luego no durante media hora.

Durante el trabajo anaeróbico, tu frecuencia cardíaca suele superar el 80 % de tu máximo y a menudo alcanza el 90 % o más. A esta intensidad, tu cuerpo aprende a tolerar niveles más altos de lactato, se vuelve más eficiente a la hora de eliminarlo y desarrolla la potencia y la velocidad que necesitas para competir y afrontar esfuerzos exigentes.

Cómo trabajan juntos estos sistemas

Hay algo importante que debes entender: estos sistemas no trabajan de forma aislada. Ambos están siempre activos y colaboran en una escala progresiva. En cada momento, un sistema puede aportar más que el otro, pero los dos participan.

En un rodaje suave, tu sistema aeróbico quizá realiza el 95 % del trabajo. Cuando aumentas el ritmo, el sistema anaeróbico empieza a asumir gradualmente más carga. Cuando esprintas, domina el sistema anaeróbico, aunque el sistema aeróbico sigue contribuyendo.

El punto de transición en el que tu cuerpo pasa de trabajar principalmente en aeróbico a depender cada vez más del anaeróbico se conoce como umbral de lactato o umbral anaeróbico. Es un marcador decisivo para los deportistas de resistencia, porque representa el ritmo más rápido que puedes mantener durante periodos prolongados. Mejorar este umbral es una de las formas más eficaces de ganar velocidad.

Entrenar tu sistema aeróbico

Construir una base aeróbica sólida requiere paciencia y constancia. La clave está en pasar mucho tiempo a intensidades relativamente cómodas. Eso significa rodajes suaves, salidas en bici constantes y sesiones de natación relajadas en las que puedas mantener una buena técnica y una respiración controlada.

La mayor parte de tu entrenamiento debería ser aeróbico. Muchos entrenadores recomiendan que el 80 % o más de tu volumen de entrenamiento se realice a intensidades bajas o moderadas. Puede parecer poco intuitivo, sobre todo si tienes muchas ganas de ser más rápido, pero es en esas sesiones más suaves donde tu cuerpo genera adaptaciones fundamentales.

Las sesiones largas y constantes son especialmente valiosas para el desarrollo aeróbico. Una salida de dos horas en bici a un ritmo cómodo aporta más a tu sistema aeróbico que una sesión dura de 30 minutos. Durante estos esfuerzos más largos, tu cuerpo aprende a utilizar la grasa de forma más eficiente, desarrolla más mitocondrias en las células musculares y construye un sistema cardiovascular más fuerte.

Pautas para el entrenamiento aeróbico

Empieza con la prueba del habla. Si puedes hablar en frases completas sin quedarte sin aire, estás en la zona adecuada. Tu respiración debería estar controlada y deberías sentir que podrías mantener ese ritmo al menos una hora.

Céntrate en la constancia antes que en la intensidad. Es mejor entrenar cuatro veces por semana a intensidades suaves que agotarte dos veces por semana con sesiones duras. Tu sistema aeróbico se desarrolla acumulando tiempo, no mediante esfuerzos máximos.

Ten paciencia con tu progreso. Las adaptaciones aeróbicas llevan tiempo, a menudo varias semanas o meses. Pero las mejoras son duraderas y forman la base de todo lo demás que harás en tu entrenamiento.

Entrenar tu sistema anaeróbico

El entrenamiento anaeróbico es intenso, incómodo y decisivo para mejorar tu velocidad y tu potencia. Aquí entran en juego el entrenamiento de intervalos, las repeticiones en cuesta y los rodajes tempo.

El entrenamiento de intervalos es una de las formas más eficaces de desarrollar tu sistema anaeróbico. Consiste en repetir esfuerzos duros con fases de recuperación entre ellos. Podrías correr 3 minutos fuerte, recuperar 2 minutos y repetir ese patrón varias veces. Los esfuerzos intensos te llevan a la zona anaeróbica, mientras que las recuperaciones te permiten eliminar parte del lactato acumulado y prepararte para el siguiente intervalo.

Los rodajes tempo o el entrenamiento de umbral también son muy útiles. Son esfuerzos sostenidos en tu umbral de lactato o cerca de él, normalmente de 20 a 40 minutos. Son exigentes, pero asumibles, y enseñan a tu cuerpo a trabajar de forma eficiente a intensidades más altas.

Pautas para el entrenamiento anaeróbico

La calidad importa más que la cantidad. Una o dos sesiones de alta intensidad por semana son suficientes para la mayoría de deportistas. Si haces más, aumentas el riesgo de sobreentrenamiento, lesiones y agotamiento.

Calienta siempre correctamente antes del trabajo anaeróbico. Tu cuerpo necesita tiempo para prepararse para esfuerzos de alta intensidad. Dedica al menos 10-15 minutos a una intensidad suave antes de empezar los intervalos duros.

La recuperación es clave. Deja al menos 48 horas entre sesiones duras. Tu cuerpo necesita tiempo para adaptarse y repararse. Intentar hacer entrenamientos intensos en días consecutivos limitará tu progreso y aumentará el riesgo de lesión.

Encontrar el equilibrio adecuado

El mayor error que cometen muchos deportistas es hacer demasiado entrenamiento medio-duro y no suficiente entrenamiento suave o realmente intenso. Esta zona intermedia a veces se conoce como “kilómetros basura”, porque trabajas demasiado fuerte para obtener beneficios aeróbicos, pero no lo bastante fuerte como para generar adaptaciones anaeróbicas.

Un enfoque de entrenamiento polarizado funciona bien para la mayoría de deportistas de resistencia. Esto significa que la mayor parte de tu entrenamiento es suave, una pequeña parte es muy intensa y hay muy poco trabajo en la zona moderada. Podrías hacer el 80 % de tu entrenamiento a intensidades suaves, el 10 % a intensidades altas y solo el 10 % a intensidades moderadas.

Tu equilibrio concreto dependerá de tus objetivos y de tu nivel de experiencia. Si entrenas para una prueba de ultradistancia, darás todavía más importancia al trabajo aeróbico. Si te preparas para carreras más cortas y rápidas, quizá incorpores algo más de trabajo anaeróbico.

La periodización importa

El equilibrio de tu entrenamiento también debería cambiar a lo largo del año. Durante las fases de construcción de base, céntrate casi por completo en el desarrollo aeróbico. A medida que te acerques a competiciones importantes, introduce poco a poco más trabajo anaeróbico sin dejar de mantener tu base aeróbica.

Muchos deportistas estructuran la temporada en fases: una fase larga de base aeróbica, una fase de construcción con intensidad creciente, una fase de pico de forma con trabajo específico de competición y, después, una fase de recuperación antes de volver a empezar el ciclo.

Escuchar a tu cuerpo

Comprender estos sistemas es valioso, pero escuchar a tu cuerpo es esencial. Algunos días tu ritmo aeróbico se sentirá más fácil. Otros días, lo que debería ser un rodaje cómodo se sentirá duro. Es normal. La fatiga, el estrés, la calidad del sueño y la alimentación influyen en cómo responde tu cuerpo al entrenamiento.

Si tus rodajes suaves se sienten duros de forma constante, quizá necesites más recuperación. Si tus sesiones intensas se sienten apagadas, puede que no estés recuperando lo suficiente entre entrenamientos o que necesites construir más base aeróbica antes de aumentar la intensidad.

Presta atención a tu frecuencia cardíaca por la mañana, a la calidad de tu sueño y a tu nivel general de energía. Son mejores indicadores de tu estado de entrenamiento que cualquier reloj o plan de entrenamiento.

Construir tu base

Si estás empezando en el entrenamiento de resistencia, comienza por construir tu base aeróbica. Dedica varios meses a desarrollar el hábito de entrenar de forma constante y suave. Aprende cómo se sienten las distintas intensidades. Desarrolla buenos patrones de movimiento y una mayor resistencia a las lesiones.

Una vez que tengas una base aeróbica sólida, puedes introducir gradualmente el trabajo anaeróbico. Pero recuerda que tu sistema aeróbico siempre debería seguir siendo la prioridad. Incluso los deportistas de élite pasan la mayor parte de su tiempo de entrenamiento a intensidades suaves o moderadas.

Ambos sistemas son esenciales y ambos requieren tipos de entrenamiento diferentes. Tu sistema aeróbico te da la resistencia para aguantar durante mucho tiempo. Tu sistema anaeróbico te da la potencia para ser rápido. Entrena ambos con inteligencia y te convertirás en un deportista más completo y capaz. La clave está en tener paciencia con el trabajo aeróbico y propósito con el trabajo anaeróbico, respetando siempre la necesidad de recuperación y la sabiduría de tu propio cuerpo.